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Instalación limpia
Windows se puede instalar
de dos formas: a) sobre una versión de
Windows ya existente o b) haciendo una instalación
nueva. La primera opción puede ser una
actualización (de Windows 98 a Windows
Me, por ejemplo) o una instalación encima
del mismo sistema operativo (instalar Windows
98 SE sobre Windows 98 SE, por ejemplo).
En estos dos casos, el proceso
de instalación tratará de conservar
el mayor número de datos del usuario
como son los programas que utilizaba, los drivers
de sus dispositivos o su configuración
de Internet. La opción b), en cambio,
es una instalación limpia: el proceso
de instalación no conservará ningún
dato del usuario.
La instalación del tipo
a) aunque conserve la configuración y
datos del usuario tiene la desventaja de conservar
también gran parte de los errores. Esto
significa que si Windows no arranca (probablemente
por culpa de un controlador VXD defectuoso)
y lo reinstalamos encima, Windows seguirá
sin arrancar. O si Windows funciona lento (debido
a restos de instalaciones de programas) y reinstalamos
Windows, seguiremos con la misma lentitud. Necesitamos
hacer una instalación limpia.
Nuestro propósito en este
artículo es hacer una instalación
del tipo b) pero tratando de conservar las configuraciones
más habituales. Demostraremos también
que una instalación limpia no implica
formatear el disco duro.